Catarata pediátrica

La catarata es la opacidad del cristalino.

El cristalino es una lente natural del ojo que se encuentra inmediatamente detrás de la pupila y está suspendida del cuerpo ciliar por múltiples fibras pequeñas (zónula) que se adhieren a su cápsula. Dicha lente proporciona poder dióptrico al ojo (media, 20 dioptrías) y, cambiando su forma, permite el enfoque de los objetos (tanto de lejos como de cerca) para ver una imagen clara.

Al nacer, el cristalino suele ser transparente y, con el paso de los años (debido a su envejecimiento natural y progresivo), va perdiendo esa transparencia y se va volviendo opaco. De forma que, si vivimos el tiempo suficiente, todos acabaremos teniendo cataratas seniles, que son las más frecuentes.

Sin embargo, las cataratas no se dan sólo en personas de edad avanzada, sino que también se pueden presentar en otras edades debido a múltiples causas (condicionantes genéticos, traumatismos, uso de determinados fármacos, enfermedades oculares o sistémicas,  etc.) o incluso estar presentes en el momento del nacimiento.

Las cataratas pediátricas pueden desarrollarse durante la infancia (cataratas infantiles) o estar presentes al nacer (cataratas congénitas). Generalmente ocurren debido a un desarrollo anormal del cristalino durante el embarazo.

cataratas

La incidencia de cataratas congénitas es de aproximadamente 3 de cada 10.000 niños. Pueden ser unilaterales o bilaterales y acompañarse o no de otras anomalías oculares. Las cataratas unilaterales representan un tercio de las cataratas congénitas; suelen ser esporádicas, sin historia familiar ni enfermedad sistémica y afectan a niños por lo general sanos. Las bilaterales representan dos tercios de dichas cataratas, y en ellas se identifica la causa en alrededor de la mitad de los casos. El factor etiológico más común es la herencia; otras posibles causas son anomalías cromosómicas, trastornos metabólicos e infecciones intrauterinas. Las cataratas hereditarias aisladas conllevan un mejor pronóstico que las que coexisten con anomalías oculares o sistémicas.

La luz entra en el ojo a través de la pupila y se proyecta en la retina, que la detecta y transmite la señal al cerebro para que reciba una imagen clara. Para que un niño inicie un desarrollo visual correcto que le permita alcanzar una buena visión, necesita recibir estímulos visuales desde el nacimiento. Las primeras semanas de vida son de gran importancia para la estimulación visual, de forma que si existe una catarata, se limita el desarrollo visual del niño y se produce una ambliopía (u “ojo vago”) por privación de estímulo.

Generalmente, las cataratas pediátricas no se pueden prevenir.

Es crucial realizar un diagnóstico precoz para realizar un tratamiento a tiempo y prevenir la pérdida permanente de visión. Por ello, son importantes las revisiones oftalmológicas y se recomienda una primera exploración ocular tras el nacimiento para descartar esta patología u otras anomalías oculares congénitas.

En algunos casos, el diagnóstico se realiza por los familiares del niño o por el pediatra, que detectan una mancha blanquecina en el área pupilar (leucocoria). Otras veces, la baja visión del ojo originará un estrabismo (en las cataratas unilaterales) o un nistagmus (en las cataratas bilaterales). Cualquiera de estos signos en un niño constituye siempre un signo de alarma y debe ser explorado por un oftalmólogo pediátrico.

Tratamiento:

Algunas cataratas pediátricas, si son pequeñas y no centrales, no precisan cirugía porque la visión se desarrolla normalmente; por lo que se prefiere una actitud expectante. Si se sospecha que la afectación en el desarrollo visual es leve, se deben controlar de forma frecuente por un oftalmólogo infantil; la prescripción de gafas y el tratamiento de la ambliopía pueden ser útiles para el desarrollo visual, pudiendo retrasarse la cirugía o evitarse completamente (ya que no está exenta de riesgos y complicaciones).

Otras cataratas son grandes, centrales o totales e interfieren con la visión al cubrir el área pupilar, afectando al desarrollo visual del niño y ocasionando una pérdida severa de la visión. En estos casos, el tiempo es un factor primordial y debe eliminarse lo antes posible (especialmente si está presente en el momento del nacimiento), ya que un retraso puede ser irreparable. Para obtener los mejores resultados en cuanto a pronóstico de recuperación visual, el periodo más adecuado suele ser antes de las 4-10 semanas de vida en las cataratas congénitas bilaterales y antes de las 4-6 semanas de vida en las unilaterales.

La catarata se extrae mediante cirugía, con técnicas de aspiración. En los niños más pequeños se puede requerir la realización de una vitrectomía anterior (extracción de la parte anterior del vítreo) para evitar que el eje pupilar se vuelva a opacificar.

Generalmente, la cirugía de catarata realizada por un oftalmólogo pediátrico experimentado es muy segura. Sin embargo, ningún procedimiento quirúrgico está exento de riesgos; que en el caso de la cirugía de la catarata pediátrica incluyen: infección, inflamación, desprendimiento de retina, desarrollo de glaucoma, desplazamiento de la lente intraocular (si se implanta en el mismo acto quirúrgico), desarrollo de opacidad capsular o vítrea.

Aunque la cirugía es el primer paso para solucionar la falta de visión de un ojo con catarata, no es suficiente. Después, y de forma inmediata, se debe iniciar un proceso de rehabilitación visual que durará años (habitualmente toda la infancia del niño) para tratar la ambliopía y conseguir una buena agudeza visual.

Al eliminar la catarata (cristalino opacificado), el ojo queda afáquico (sin cristalino) y, por tanto, sin poder dióptrico y sin capacidad para enfocar. Para resolver este problema refractivo y recuperar la capacidad de enfoque del ojo, existen varias opciones (que hay que adoptar lo antes posible):

  • Insertar una lente intraocular (LIO) permanente dentro del ojo, durante el mismo acto quirúrgico o en una segunda cirugía años después: Generalmente, no se pone una LIO en pacientes menores de 1 año. Su colocación, en los primeros meses de la vida, se asocia con un mayor número de cirugías por aumento de inflamación y cambio del defecto refractivo del niño debido al crecimiento del ojo. Además, en casi todos los casos, se requiere el uso adicional de corrección con gafas.
  • Corrección con lente de contacto que se coloca sobre la superficie del ojo: Existen materiales adecuados para uso prolongado en niños y se pueden realizar cambios de graduación según se modifica su defecto refractivo. Deben retirarse y limpiarse con regularidad.
  • Corrección con gafa: Es el método más seguro.

 

La elección de una u otra opción viene dada por la edad del niño y la preferencia del oftalmólogo pediátrico, siempre en consenso con la familia.

Junto con la corrección de la afaquia se debe iniciar el tratamiento de la ambliopía, habitualmente con parches.

 

 



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